La mini crisis bursátil del lunes fue una corrección saludable, una
pausa que refresca. El refrán dice "keep calm and carry on" (mantén la
calma y sigue adelante) y comprá cuando hay sangre en las calles.
Ese es el consenso en Wall Street después de que el
rebote del martes en las acciones norteamericanas marcó su mayor salto
para la presidencia de Trump. El índice Vix, tras su mayor suba
porcentual de la historia que lo colocó por encima de 50, está otra vez
por debajo de 30. Y si bien se espera una recuperación temporaria
después de una venta generalizada, el alza fue muy superior al promedio.
Según Bespoke Investment, el S&P 500 históricamente promedia una
suba de sólo 0,32% el día posterior a caídas de 4% o más.
Los optimistas señalan otros dos factores, ambos
válidos. En primer lugar, las valuaciones se han corregido de manera
saludable. Las ganancias en enero fueron casi totalmente producto de las
subas en las utilidades corporativas impulsadas por la enorme reducción
de impuestos y de los pronósticos de resultados. Con precios de
acciones otra vez cerca de donde estaban a principios de año, el
múltiplo de ganancias esperado para el S&P medido por Bloomberg cayó
de 20 a principios de año a un nivel mucho más razonable de 17,3.
Después de un proceso algo desordenado, esto puede verse como una
reacción sensata a los mayores rendimientos de los bonos y riesgos
inflacionarios.
Segundo, se puede afirmar que la mini crisis
bursátil fue un accidente técnico. La fijación ordenada de un nuevo
precio para el riesgo de inflación se descontroló cuando los operadores
salieron juntos de unos pocos instrumentos chicos cotizantes que
apuestan contra la volatilidad. Esas dos horas de excesos se revirtieron
rápidamente.
Pero eso no significa que podamos ignorar el lunes
negro. Los accidentes tienden a producirse en condiciones peligrosas. Si
un auto choca en un camino normalmente seguro, implica que el conductor
cometió una falta; o que el camino estaba más traicionero de lo
habitual. Hay que analizar por qué ocurrió el accidente.
Pensemos algunos accidentes financieros famosos. La
debacle de Long-Term Capital Management en el otoño boreal de 1998, la
"sorpresa de Shanghai" cuando los mercados norteamericanos retrocedieron
en febrero de 2007 después de una venta generalizada en China, y la
liquidación a principios de 2008 fueron todos accidentes de los cuales
el mercado se recuperó rápidamente. Pero todos influyeron en el
comportamiento de otras personas, y revelaron que los vehículos o el
clima o ambos no eran seguros.
Si un ataque especulativo contra algunos
instrumentos chicos que juntos nunca tuvieron un valor de u$s 5000
millones puede causar una mini crisis bursátil, no todo anda bien.
Hay una pregunta más básica. ¿Es realmente buena
idea seguir todos los clichés del mercado y "mantener la calma y seguir
adelante" cuando estalla la volatilidad? Investigaciones de Journal of
Finance hechas por Alan Moreira y Tyler Muir de la Simon School de la
Universidad de Rochester y UCLA Anderson sugiere que en el largo plazo,
la mejor estrategia es vender cuando sube la volatilidad realizada.
Estudiaron los resultados de una cartera que se
mantiene en promedio 100% invertida en el mercado de valores, pero se
vuelve a equilibrar cada fin de mes en base a la volatilidad reciente.
Tras un mes con mayor volatilidad, reduce su exposición y vice versa.
Esas carteras ofrecían grandes retornos ajustados al riesgo y son
fáciles de implementar en tiempo real.
La volatilidad no predice futuros retornos, por lo
tanto los ratios de Sharpe (retornos divididos por la volatilidad) suben
cuando los inversores reducen su exposición en momentos de alta
volatilidad y elevan la exposición cuando la volatilidad es baja. En
otras palabras, si uno vende cuando empieza a subir la volatilidad, lo
que se obtiene son menos sobresaltos y no peores resultados, por lo que
uno termina en mejor situación.
La gran ventaja está en que evita las peores bajas
porcentuales que sufren las estrategias buy-and-hold (comprar y
mantener). La estrategia que se ajusta según el nivel de volatilidad
atravesó la crisis de 2008 casi ilesa, mayormente porque la volatilidad
explotó de repente tras un largo período de calma a principios de 2007,
meses antes de que los mercados tocaran un pico y empezaran a caer mucho
más avanzado el año. También sobrevivió al 2000 relativamente indemne.
En ambos casos, el pico de volatilidad fue una
señal de advertencia que llegó suficientemente temprano como para
permitir que los inversores actuaran antes de que empezara la
liquidación en serio. Por lo tanto, es mejor no ignorar lo que ocurrió
el lunes, aunque siga siendo muy probable que las acciones
norteamericanas toquen otro máximo. Deberíamos seguir adelante, y no
entrar en pánico, pero mantenernos muy alertas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario